QUE DETENGAS LAS BALAS!!!
“Tierra de nadie” se le llamaba a la franja de alrededor de 50 metros que separaba las trincheras inglesas de las alemanas, y que durante la noche buena de 1914 pasó a ser testigo del silencio de las balas…
Entonces algo verdaderamente raro ocurrió, (pero pensándolo bien no tendría que ser tan raro…).
Los soldados ingleses notaron que las trincheras alemanas se comenzaron a iluminar, sin entender el por que?. Luego sabrían que sus enemigos alemanes estaban armando árboles de navidad, antes de comenzar a entonar villancicos, al acercarse la medianoche.
Al cantar “Noche de paz” los ingleses los acompañaron desde sus trincheras formando un coro “bilingüe”. En los dos bandos existía un sentimiento de camaradería que no debería existir entre enemigos, y comenzó una tregua entre soldados y suboficiales no escrita, no pedida, ni concedida entre los altos mandos de los dos ejércitos.
Entonces algo verdaderamente raro ocurrió, (pero pensándolo bien no tendría que ser tan raro…).
Los soldados ingleses notaron que las trincheras alemanas se comenzaron a iluminar, sin entender el por que?. Luego sabrían que sus enemigos alemanes estaban armando árboles de navidad, antes de comenzar a entonar villancicos, al acercarse la medianoche.
Al cantar “Noche de paz” los ingleses los acompañaron desde sus trincheras formando un coro “bilingüe”. En los dos bandos existía un sentimiento de camaradería que no debería existir entre enemigos, y comenzó una tregua entre soldados y suboficiales no escrita, no pedida, ni concedida entre los altos mandos de los dos ejércitos.
Llegaron a conocerse las caras al salir de las trincheras y dejar las armas de lado, llegaron a compartir sus vinos y sus budines, llegaron a jugar fútbol con el enemigo.
Al enterarse los oficiales superiores de lo sucedido, decidieron tomar serias medidas como amenazar a los soldados y suboficiales con el fusilamiento, en el caso de que siguiera ese sentimiento de camaradería que amenazaba con la paz, a los grandes poderes que habían iniciado y alimentado la “Gran guerra”.
Esa camaradería era tan “mala” que estaba haciendo entender a los soldados que el enemigo que estaba enfrente, no era el monstruo que le habían enseñado a odiar.
El enemigo que estaba enfrente, eran personas comunes y corrientes, que sufrían, reían, y sentían de la misma forma que ellos.
Hubo lugares en el frente occidental en los que siguieron disparando al aire durante una semana, hasta el año nuevo de 1915, momento en que una bala perdida termino con la vida de un soldado, y con lo que de seguir extendiéndose en el tiempo y en las trincheras hubiese sido el triunfo más grande del hombre.
El descubrir que los grandes problemas no tienen que convertirse en guerras, sino que se pueden solucionar en paz
Esa camaradería era tan “mala” que estaba haciendo entender a los soldados que el enemigo que estaba enfrente, no era el monstruo que le habían enseñado a odiar.
El enemigo que estaba enfrente, eran personas comunes y corrientes, que sufrían, reían, y sentían de la misma forma que ellos.
Hubo lugares en el frente occidental en los que siguieron disparando al aire durante una semana, hasta el año nuevo de 1915, momento en que una bala perdida termino con la vida de un soldado, y con lo que de seguir extendiéndose en el tiempo y en las trincheras hubiese sido el triunfo más grande del hombre.
El descubrir que los grandes problemas no tienen que convertirse en guerras, sino que se pueden solucionar en paz
Tengo miedo de escribir algo, y que sea mal interpretado, o que pueda ofender, pero me entere de una historia y me gustó mucho.
La historia que quiero contar es la de Rudyard Kipling, que fue un poeta y escritor ingles nacido en India, fue uno de los escritores mas famosos en su época, llegando a ser Nóbel de literatura en 1907.
Sus poemas despertaron el patriotismo en Inglaterra y en todo el imperio británico durante la primera guerra mundial.
Escribió “La luz que se apaga”, “El hombre que pudo ser Rey”, “Kim”, “Capitanes valientes”, pero quizás lo mas conocido fue su “Libro de la selva”, que cuenta la historia de Mowgli, un chico indio criado entre lobos, que aprende a convivir con los animales en la jungla.
En una ocasión el escritor recibió una carta de un soldado que había participado de la primera guerra y en la carta ese soldado le contaba que su libro preferido, era precisamente “El libro de la selva” y que no quería separarse de el, algo que Kipling contó que le llenó de orgullo, porque alguien había sabido encontrar en sus palabras escritas lo que él había querido transmitir.
Pero al final de la carta el soldado le decía: “Su libro señor Kipling, me ha salvado la vida. Lo tenia sobre el pecho y una bala enemiga reboto en el”.
Muchas veces uno quiere decir algo, o escribirlo, para expresarse y que alguien más lo sepa interpretar, y además que le pueda servir, y que le pueda sacar provecho… Algunas de esas veces no importa que esas palabras sean bien interpretadas, lo que importa es que quien las reciba le pueda sacar el provecho que tal vez nosotros nunca sepamos que puedan dar.
Si en algún momento escribo algo que puede ofender, o que podes interpretar como fuera de lugar, te pido un millón de disculpas, porque no es mi intención.
Lo que pasa es que seguramente no soy malinterpretado, sino que soy mal “expresado”, porque en mi cabeza la idea que pongo en letras seguro que suena distinto…
Lo que si quiero es ayudar con una palabra, conciente o inconcientemente, no importa el uso que le des a una pobre idea mía, solo quiero que te aproveche y que aunque no me entere nunca…
Que alguna vez te sirva para detener una bala.
……………………………………………………J.P.
La historia que quiero contar es la de Rudyard Kipling, que fue un poeta y escritor ingles nacido en India, fue uno de los escritores mas famosos en su época, llegando a ser Nóbel de literatura en 1907.
Sus poemas despertaron el patriotismo en Inglaterra y en todo el imperio británico durante la primera guerra mundial.
Escribió “La luz que se apaga”, “El hombre que pudo ser Rey”, “Kim”, “Capitanes valientes”, pero quizás lo mas conocido fue su “Libro de la selva”, que cuenta la historia de Mowgli, un chico indio criado entre lobos, que aprende a convivir con los animales en la jungla.
En una ocasión el escritor recibió una carta de un soldado que había participado de la primera guerra y en la carta ese soldado le contaba que su libro preferido, era precisamente “El libro de la selva” y que no quería separarse de el, algo que Kipling contó que le llenó de orgullo, porque alguien había sabido encontrar en sus palabras escritas lo que él había querido transmitir.
Pero al final de la carta el soldado le decía: “Su libro señor Kipling, me ha salvado la vida. Lo tenia sobre el pecho y una bala enemiga reboto en el”.
Muchas veces uno quiere decir algo, o escribirlo, para expresarse y que alguien más lo sepa interpretar, y además que le pueda servir, y que le pueda sacar provecho… Algunas de esas veces no importa que esas palabras sean bien interpretadas, lo que importa es que quien las reciba le pueda sacar el provecho que tal vez nosotros nunca sepamos que puedan dar.
Si en algún momento escribo algo que puede ofender, o que podes interpretar como fuera de lugar, te pido un millón de disculpas, porque no es mi intención.
Lo que pasa es que seguramente no soy malinterpretado, sino que soy mal “expresado”, porque en mi cabeza la idea que pongo en letras seguro que suena distinto…
Lo que si quiero es ayudar con una palabra, conciente o inconcientemente, no importa el uso que le des a una pobre idea mía, solo quiero que te aproveche y que aunque no me entere nunca…
Que alguna vez te sirva para detener una bala.
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